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Comer en Burgos
Gastronomía


Burgos es una tierra para disfrutar con todos los sentidos. El acervo popular atesorado durante siglos por los habitantes de la provincia y del que son buena muestra sus ricas tradiciones, su casi inabarcable cancionero, sus fiestas, y, en algunos casos, sus todavía ancestrales formas de vida han dejado un poso incomparable y que confiere al burgalés un carácter único y singular. Gozar de su clima, perfecta síntesis entre la suavidad europea y la luminosidad Mediterránea y disfrutar de sus aguas en los Balnearios de Valdelateja y Corconte que ofrecen tratamientos terapéuticos gracias a sus fuentes subterráneas;  y sentir su  diversidad,  la palabra que define a la provincia burgalesa, y que  es aplicable a la amplia gama de los acogedores alojamientos que le esperan para su merecido descanso: monasterios que invitan al sosiego y a la reflexión lejos de la turbulenta vida moderna, establecimientos hoteleros, casas de turismo rural o degustar su afamada gastronomía y paladear sus excelentes vinos en alguno de sus restaurantes... 


 
La gastronomía de Burgos ha traspasado los límites provinciales y varios de sus platos y preparaciones se han convertido de estrellas del arte culinario nacional. El lechazo asado en horno de leña, la olla podrida, la morcilla de arroz y el queso fresco de Burgos son los más conocidos.
 
En la gastronomía de Burgos tiene mucho peso la inusual diversidad de sus climas y ecosistemas. Verdadero mosaico de paisajes, las tierras provinciales son capaces de producir las más variadas, delicadas y saludables materias primas: verduras, ajos, cebollas, patatas, setas, frutas, legumbres, corderos lechales, carnes rojas, caza mayor y menor, caracoles, miel natural, morcillas de arroz, todos los derivados de la matanza del cerdo, quesos frescos y curados de leche de oveja, panes artesanales y pastas conventuales.

Con ellas y con el buen hacer de los restauradores locales se pueden elaborar las más sugestivas recetas. Unos platos sencillos y poco sofisticados que son capaces de hacer sentir el más auténtico y tradicional placer de comer, pero que se adaptan a la perfección a las corrientes culinarias más innovadoras. Unas novedosas tendencias que no sólo buscan atractivas presentaciones, sorprendentes mezclas e inusuales texturas, sino que pretenden ser cuidadosas con una dieta sana y equilibrada.

Que ningún viajero que se acerque hasta la provincia de Burgos se vaya sin probar unas sopas de ajo, un pincho de morcilla frita, una olla podrida con alubias de Ibeas, unos caracoles a la burgalesa, un cordero lechal asado en horno de leña o un queso fresco de Burgos. Para los que no puedan con todo a la vez, una buena idea es abastecerse de los productos necesarios en los surtidos mercados y tiendas especializadas y seguir los consejos de las recetas, en su versión tradicional y moderna. Y no nos olvidaremos de acompañar estos platos con alguno de los excelentes y reputados vinos tintos de la Ribera del Duero y el Arlanza.
Vinos

En la provincia de Burgos encontramos dos comarcas  vitivinícolas importantes que poco a poco van consolidándose en los mercados nacionales e internacionales: La comarca de la Ribera del Duero de Burgos y la comarca de la Ribera del Arlanza. Estas comarcas, una de ellas a la espera de la obtención de Denominación de Origen, cuentan con órganos de control que se convierten en garantía del producto que adquiere el consumidor. La tradición en las elaboraciones se observa en los pueblos y ciudades con un importante legado de arquitectura popular escrito en los lagares, zarceras y conjuntos de bodegas subterráneas. Una nueva atracción turística al alcance de todos que se puede conocer realizando alguno de los senderos denominados "rutas del vino" o adentrándose a descubrir los "misterios" de la elaboración visitando alguna de sus bodegas.



EL VIÑEDO BURGALÉS
Si alguien duda de la importancia histórica que el viñedo ha tenido en la provincia de Burgos, basta
con mirar algunas manifestaciones históricas, como el mosaico romano de Baños de Valdearados o
el friso de la ermita visigótica de Quintanilla de las Viñas.

Una larga historia no es sinónimo necesario de una buena calidad, pero Burgos tiene todo para que
sus vinos se sitúen entre los mejores del mundo. Los grandes vinos se han dado siempre en
condiciones límites. Allí donde más se exige a la cepa más calidad consigue dar.

En Burgos se dan una serie de factores climatológicos casi extremos. Temperaturas medias muy
bajas, con gran riesgo de heladas, sobre todo primaverales, pero que pueden presentarse incluso en
el mes de junio. Importante contraste térmico entre el día y la noche, sobre todo en la época de
maduración de la uva, lo que constituye un factor de calidad importante, favoreciendo el mantener los
niveles de acidez. Si tomamos como ejemplo la Ribera del Duero, vemos que en un mes tan
importante para el viñedo como agosto la media de las máximas se situó en 40,6ºC, mientras que la
media de las mínimas se quedó en 1,4ºC. Lluvias escasas, con épocas largas de sequía y pocas
horas de sol.

Pero la habilidad del hombre buscando variedades de brote tardío y ciclo corto, buscando laderas
orientadas al sur para recibir los últimos rayos de sol y buscando suelos capaces de retener el calor
durante horas para regalárselo a la cepa, dan lugar cada año al milagro del vino.
Vinos que se pueden encontrar en todos los mercados del mundo compitiendo mano a mano con los
grandes e históricos vinos franceses.

Ribera del Duero
La piel de la uva, que ha soportado los contrastes climáticos, marca las características de los vinos de
la Ribera del Duero. Vinos de un intenso color cereza picota, capaces de mantenerse vivos durante
muchos años, con gran estructura tánica y una adecuada acidez, que aportan frescura y una
capacidad de envejecimiento excepcional, como lo demuestran algunas bodegas históricas.

Las viñas se extienden en torno al río Duero, en una larga franja de 115 kilómetros, con apenas 35 de
anchura, por las provincias de Soria, Segovia, Valladolid y, sobre todo, Burgos, que tiene las tres
cuartas partes del viñedo. Algunos de los mejores majuelos de la Ribera del Duero están en el
triángulo formado por Roa, La Horra y Anguix, sin olvidar las viejas viñas de los dos gumieles y de
Sotillo de la Ribera.

Para una zona con baja pluviometría, unos 430 litros al año, la cercanía al río le suponen a las cepas
un aporte adicional de humedad, gracias a las nieblas, sobre todo matutinas.
La Tempranillo, también llamada en la zona Tinto del País o Tinto Fino, es la variedad reina, con más del 93%, acompañada por Albillo, variedad blanca
autóctona, y las tintas de origen francés Cabernet Sauvignon, Merlot y Malbec, junto con la española
Garnacha.

Arlanza
El Arlanza es una histórica zona que en los últimos años está luchando para recuperar el prestigio
que tuvo durante años. Su última batalla es conseguir la Denominación de Origen y está a punto de
ganarla.

Situada en el centro de la provincia de Burgos, en el valle medio y bajo del río Arlanza. Una larga
franja que se extiende desde la Sierra de Covarrubias hasta los Páramos del Cerrato. Son en total 67
pueblos, de los que 54 están en Burgos y el resto en Palencia. Puntos culminantes de esta franja son
Covarrubias, Lerma y Santa María del Campo. Lugares donde se mezclan el arte, el paisaje, la
historia y el vino.

El 95% del viñedo está plantado con Tempranillo, siendo el resto Garnacha, Mencía, Albillo, Cabernet
Sauvignon y Viura.

Si las condiciones climáticas de la Ribera del Duero son duras, aquí todavía son más extremas, con
las heladas como el enemigo a temer todos los años. La temperatura media se sitúa en el límite en el
que se desarrolla el viñedo, por eso la búsqueda de laderas con buena insolación es aquí esencial.
Un clima extremo, unos suelos extraordinarios y laderas bien orientadas son los secretos de una zona
difícil, que en los mejores años puede dar vinos capaces de situarse entre los más grandes de
nuestro país.

Enoturismo
El Arlanza y, sobre todo, la Ribera del Duero de Burgos tienen los suficientes atractivos para figurar
dentro de los más selectos listados mundiales de comarcas enoturísticas. En la consagrada Ribera
del Duero
, además de visitas guiadas por sus distintas bodegas y de la cata de sus magníficos vinos,
se puede recorrer parte de la red de bodegas medievales subterráneas que horadan el subsuelo de
Aranda de Duero, acudir al Centro de Interpretación de la Arquitectura del Vino (CIAVIN) de la misma
localidad o practicar senderismo por las señalizadas rutas que forman parte de la Ruta del Vino-
Afluente Rural y que parten de Roa, Anguix, Sotillo de la Ribera, Gumiel de Mercado, Gumiel de Izán,
La Aguilera y La Horra. También los viajeros se podrán alojar y degustar la exquisita gastronomía de
la zona, con el lechazo asado como plato fundamental, en varios y selectos establecimientos —
incluida una posada de turismo rural— emplazados junto a prestigiosas bodegas y en medio de bellos
y bien conformados viñedos en plena producción